ORACIONES de la Preparación
- Apariciones del Ángel de la Paz (1916) - VIDEO
- PELICULA "Los Niños y el Sol"
- VIDEO PROMOCIONAL | Mater Fátima 2020, Centenario ...
- CORONILLA: cómo rezarla (imagen)
- La "Señal de la Cruz" cantada
- El "Padre nuestro" cantado
- El "Ave María" cantado
- 2a etapa: Conocer mejor a María Santísima
- AUDIOS de la 3a Etapa de preparación a la Consagra...
domingo, 12 de mayo de 2019
martes, 7 de mayo de 2019
DÍA 33 de la Preparación para consagrarse a la Virgen
Querida familia, queridos chicos:
Después de haber cantado algunas estrofas de “El Ave María de Fátima”, escuchamos
o leemos la reflexión del día 33.
En este último día de nuestra preparación, meditaremos sobre la partida
al cielo de Jacinta, la más pequeña, que fue un 20 de febrero de 1920.
Como su hermano Francisco, ella sufrió una larga y dolorosa enfermedad,
que ella ofrecía por los pecadores, como se lo había pedido Nuestra Señora.
Ya en la primera aparición del 13 de mayo, la Virgen les había dicho:
-Tendréis mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestra
fortaleza.
Cuando estaba enferma, María Santísima la visitó varias veces. Jacinta
decía:
– Nuestra Señora me ha dicho que voy a ir a Lisboa, a otro hospital, que
no volveré a verte, ni a mis padres; que después de sufrir mucho, moriré sola;
pero que no tenga miedo: Ella me irá a buscar para llevarme al Cielo.
Y abrazándome, decía llorando:
– Nunca más volveré a verte; tú no irás a visitarme allí. ¡Oye! reza
mucho por mí, que moriré solita.
– No pienses en eso – le dije.
– Déjame pensar, porque cuanto más pienso, sufro más. Y yo quiero sufrir
por amor a Nuestro Señor y por los pecadores. Y, además, no me importa; Nuestra
Señora me irá a buscar allí para llevarme al Cielo.
A veces, besaba un crucifijo y lo abrazaba..
Una vez le pregunté:
– ¿Qué vas a hacer en el Cielo?
– Voy a amar mucho a Jesús, al Inmaculado Corazón de María; pediré mucho
por ti, por los pecadores, por el Santo Padre, por mis padres y hermanos, y por
todas esas personas que me han dicho que pida por ellas.
Llegó por fin el día de salir para Lisboa; la despedida partía el
corazón.
Permaneció mucho tiempo abrazada a mi cuello, y decía llorando:
– Nunca más volveremos a vernos. Reza mucho por mí hasta que yo vaya al
Cielo; después, cuando yo esté allí, pediré mucho por ti.
De Lisboa me mandó todavía decir que Nuestra Señora ya la había ido a
ver; que le había dicho la hora y el día en que moriría, y me recomendaba que
fuese muy buena.
Queridos niños, querida familia: demos gracias a Dios y a Nuestra Señora porque nos han ayudado a llegar al final de este camino de preparación. Y
pidámosles que, desde el día de nuestra Consagración, seamos cada día más
buenos, según el deseo de Jesús y de su Madre y el ejemplo de los santos.
Para terminar, rezaremos la novena y las letanías en honor de los
santos Jacinta y Francisco Marto. Si lo deseamos, podemos rezar también la
Coronilla del Amor de la Sagrada Familia.
DÍA 32 de la Preparación para consagrarse a la Virgen
Querida familia, queridos chicos:
Después de haber cantado algunas estrofas de “El Ave María de Fátima”, escuchamos
o leemos la reflexión del día 32.
Hoy recordaremos la partida al cielo de Francisco, el primero a quien
vino a llevar Nuestra Señora.
Estuvo un tiempo enfermo y debió guardar cama. Lucía recuerda que le
pregunto uno de los últimos días:
– ¿Pediste al Señor escondido para que el señor cura me dé la Sagrada
Comunión?
– Lo pedí, respondió ella.
Y él le dijo: Después en el Cielo pediré por ti.
Cuando volví al anochecer ya estaba radiante de alegría. Se había
confesado y el Cura había prometido llevarle al día siguiente la Sagrada
Comunión. Después de comulgar al día siguiente, decía a su hermanita:
– Hoy soy más feliz que tú, porque tengo dentro de mi pecho a Jesús escondido.
Yo me voy al cielo; pero desde allí voy a pedir mucho al Señor y a la Virgen
para que pronto os lleve también allí.
Ese día, casi todo lo pasé con Jacinta junto a su cama. Como ya no podía
rezar, nos pedía que rezásemos nosotros el Rosario por él.
Cuando era de noche, me despedí de él:
– Francisco, adiós. Si fueras esta misma noche al Cielo, no te olvides
de mí. ¿Has escuchado?
Él me dijo: No me olvido, no. Quédate tranquila.
Y agarrándome la mano derecha, la apretó con mucha fuerza durante un
buen rato, mirándome con lágrimas en los ojos…
– ¿Deseas alguna cosa más? –le pregunté con lágrimas que también me
corrían por las mejillas.
– No –me respondió con voz apagada.
Como la escena estaba poniéndose demasiado conmovedora, mi tía me pidió
que saliese del dormitorio.
– Entonces, adiós, Francisco, hasta el Cielo, le dije.
– Adiós, hasta el Cielo, respondió él.
Y el Cielo se aproximaba. Allá voló al día siguiente, a los brazos de la
Madre Celestial.
Lucía amaba mucho a sus primitos, Francisco y Jacinta. Por eso, aunque
sabía que iban al cielo, siguió sintiendo por mucho tiempo una gran pena por su
muerte.
Ella dice Es una espina triste que atraviesa mi corazón a lo largo de
los años.
Ofrezcamos a Jesús nuestro dolor sabiendo que después de los
sufrimientos de este mundo nos reencontraremos en su Presencia, si cumplimos
sus deseos y el pedido del Corazón Inmaculado de Nuestra Señora..
Para terminar, rezaremos la novena y las letanías en honor de los
santos Jacinta y Francisco Marto. Si lo deseamos, podemos rezar también la
Coronilla del Amor de la Sagrada Familia.
DÍA 31 de la Preparación para consagrarse a la Virgen
Querida familia, queridos chicos:
Después de haber cantado algunas estrofas de “El Ave María de Fátima”, escuchamos
o leemos la reflexión del día 31.
Estamos llegando al final de nuestro camino de preparación para
consagrarnos, para entregarle nuestro corazón y toda nuestra vida a Jesús, por
medio de nuestra Señora.
Jesús y María nos aman mucho, y nosotros debemos también amarlos mucho a
ellos, y querer que otros los conozcan y amen. Esta es la gran misión que la
Virgen le dio a nuestros tres amiguitos, los pastorcitos de Fátima.
Después de las apariciones del año 1917, Francisco y Jacinta tuvieron
otras visiones, antes de que Nuestra Señora los llevase al cielo, y también
Lucía, en su larga vida. Por ejemplo, estando ya en el convento, el 10 de
diciembre del año 1925, se le apareció la Santísima Virgen y al lado, suspenso
en una nube luminosa, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole una mano en el
hombro, le mostró al mismo tiempo un Corazón que tenía en la otra mano, cercado
de espinas.
Al mismo tiempo, dijo el Niño:
– Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de
espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga
un acto de reparación para arrancárselas.
Y le pide la práctica de los cinco primeros sábados. En febrero del año
siguiente, vuelve a aparecérsele el Niño Jesús, esta vez solo, y le pregunta:
– ¿Has propagado por el mundo aquello que la Madre del Cielo te pedía?
Y diciendo esto, se transforma en un Niño resplandeciente. Conociendo entonces
que era Jesús, Lucía le cuenta las dificultades que encuentra.
Jesús le dice:
– Es cierto, hija mía, que muchas almas comienzan los cinco primeros
sábados, pero pocas los acaban; y las que los terminan, es con el fin de
recibir las gracias que a eso están prometidas; pero me agradan más las que los
hagan con fervor y con el fin de desagraviar el Corazón de tu Madre del Cielo,
que aquellas que hagan los todos los misterios del rosario con tibieza e
indiferencia.
Pidamos a Jesús que nuestro amor a Él y a su Madre sea siempre fuerte,
y todo lo que hagamos, sea rezar, aceptar un sufrimiento o realizar una buena
acción, lo hagamos con generosidad y alegría..
Para terminar, rezaremos la novena y las letanías en honor de los
santos Jacinta y Francisco Marto. Si lo deseamos, podemos rezar también la
Coronilla del Amor de la Sagrada Familia.
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